Museu do Caramulo


Conoce esta exquisita colección portuguesa de clásicos situada en un precioso paraje montañoso, una visita muy recomendable a incluir en un viaje al fascinante país luso

La localidad de Caramulo nace en 1921 en la vertiente sur de la Sierra del mismo nombre, a unos 100 kilómetros al sureste de Oporto, fruto de la iniciativa de un médico llamado Jerónimo de Lacerda quien, de la nada, creó la que sería la mayor estancia de salud de la Península Ibérica, contando en su apogeo con varios sanatorios a los que acudieron sobre todo pacientes cuando la tuberculosis azotaba el país. Lacerda construyó su ciudad con instalaciones novedosas para la época, como una red de alcantarillado, instalación eléctrica autosuficiente, grandes jardines y edificios luminosos que, junto al sano aire de montaña, atrajeron a miles de pacientes y personajes con posibles.

La erradicación de la tuberculosis en los años ’70 marcó el declive de esta localidad, que hoy en día es conocida fundamentalmente por el museo, creado por los hijos de Jerónimo, Abel y João, el primero apasionado del arte y el segundo… lo habéis adivinado… de los automóviles. Dos grandes edificios son los que forman el museo, de los cuales el principal da cobijo a unas 500 obras, entre esculturas, muebles y pinturas – hay hasta algún Picasso…

…y el segundo alberga unos 100 automóviles con espacio suficiente para que cada uno pueda entrar y salir fácilmente para poder rodar hasta el taller, dar un paseo o participar en eventos de clásicos. Por que ésta es una de las características del museo: casi todos los coches están listos para rodar y ser disfrutados por pilotos y espectadores. 

¡A ver qué os parecen estas joyas…!

En los años cincuenta la deprimida España tenía una pequeña gran razón para sentirse orgullosa: su flamante marca deportiva de prestigio. Sí, los Pegaso se vendían a precios más altos que los propios Ferrari pero la Jet Set internacional estaba encantada de pagarlos.

Así que no es de extrañar que este Pegaso Z102 mereciera la elección del Generalísimo Franco para regalar al Presidente portugués Craveiro Lopes cuando éste visitó oficialmente el país en 1953. Sin embargo, debido a que el general era un hombre de gran honestidad y escrúpulos y no deseaba conservar los regalos recibidos durante su mandato, lo utilizó poco – aunque su hijo sí que rodó varios miles de kilómetros con él. 

Con el cambio de presidente, el coche quedó aparcado en el Palacio de Belém y luego en un almacén del Ministerio de Finanzas, donde sufrió graves daños por las inundaciones que devastaron Lisboa en noviembre de 1967 pero a iniciativa de João de Lacerda, el Pegaso fue restaurado con la ayuda de su diseñador, el mismísimo Wilfredo Ricard, y finalmente fue donado al museo por el estado portugués.

La fábrica metalúrgica Alba en Albergaria-a-Velha era, a principios de los años 50, una gran unidad industrial, perteneciente al Comendador Martins Pereira. El hijo, Antonio Augusto Martins Pereira, era un gran entusiasta del deporte automovilístico y decidió crear la marca Alba, orientada a la competición.

El primer Alba fue diseñado y construido en 1952 y equipado – como era normal en el momento, no sólo en Portugal – con el incansable motor Fiat o Simca 1089 c.c. Con tres automóviles producidos, el Alba tenía entonces una estrategia clara de abordaje a las pruebas nacionales de regularidad y rallies. Recibió varios motores pero la “joya de la corona” de los motores Alba sería el proyecto propio, elaborado en la metalurgia Alba, todo en aluminio, con dos árboles de levas a la cabeza y dos velas por cilindro.

Registrado por la Policía de Vigilancia y Defensa del Estado (PVDE) en 1937, este Chrysler Imperial blindado fue la respuesta al atentado con bomba sufrido meses antes por el Presidente del Consejo de Ministros António de Oliveira Salazar, dictador de Portugal entre 1932 y 1968. El material usado para blindarlo llevó el peso del coche hasta los 2.650 kg, con lo que sólo alcanzaba los 130 km/h.

El vehículo se mantuvo en las instalaciones de PVED hasta 1960, cuando fue trasladado a la prisión de Caixas, donde el año siguiente protagonizaría una aparatosa fuga de las instalaciones por parte de ocho presos políticos allí encerrados, que huyeron a bordo del Chrysler tras usarlo como ariete de lujo para derribar las puertas de la cárcel, destruyendo, en este proceso, parte del frontal del automóvil y sufriendo las marcas de balas de ametralladora ligera en los vidrios laterales derechos, que aún hoy son visibles tras la esmerada pero respetuosa restauración de la que fue objeto.

A partir de un vehículo primitivo llamado Lusito y tomando como base mecánica la del vehículo inglés Astra con motor de dos cilindros y dos tiempos, la IPA desarrolló dos vehículos que formaron parte de una pre-serie de cinco. La presentación fue solemne en la Feria de Industrias portuguesa de 1958 pero la petición formulada en 1956 para la fabricación en serie del IPA 300 se perdió en los circuitos de la burocracia portuguesa. Concretamente, la licencia tuvo la oposición del entonces Secretario de Estado de Industria, que ya había optado por otra dirección en la política industrial que pasaba por el montaje en Portugal de vehículos de marcas europeas y estadounidenses. Así acabó este sueño de utilitario portugués que por poco no se pudo hacer realidad.

Aquí van otros vehículos expuestos…


El museo también alberga una importante colección de miniaturas…

Un detalle de la barandilla que recorre el piso superior…

Finalmente, os dejo algunas fotos de la exposición que que ha organizado este año el museo con motivo del 70º aniversario de la marca Porsche…

Espero que hayáis disfrutado de las fotos.

Los textos consisten en resúmenes traducidos de la pagina web del museo: www.museu-caramulo.net.

DH

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