Mi primer clásico #1


En esta serie de artículos lo cuento todo sobre la búsqueda, compra y disfrute de mi primer coche clásico: un Mazda MX-5 de primera generación, el «bichejo»…

Partimos muy temprano una brumosa mañana de enero, el tren atraviesa la niebla y yermos campos cubiertos de nieve. Nuestro destino: Barcelona. Y el objetivo, si todo sale bien, es volvernos en nuestro primer “coche viejo”… la incertidumbre y los nervios me embargan. Lo normal: este viaje no ha empezado esta mañana a las siete, sino hace unos veintitantos años.

Cochecitos

Los cochecitos de Guisval y alguno de Matchbox que me traía mi tía de Londres – de los que aún ponía “Made in England” debajo. Hooooras y hooooras jugando con los cochecitos, inventando mil historias que no eran sino pretextos para moverlos de un lado a otro, simulando los acelerones, frenazos y derrapes que veía en las películas. Un servidor empezó así de niño su pasión por los coches. 

Luego de adulto la fijación me persiguió pero siempre fijándome en los coches del momento y fue hace unos años cuando poco a poco fui tomando distancia de éstos y fijándome cada vez más en los clásicos… Hasta que un buen día me vino la idea de canalizar esta pasión y aprender todo lo que pudiera sobre ella creando ICON ROAD y casi al mismo tiempo, la imperiosa necesidad de conducir uno de estos clásicos de los que tanto hablaba, leía y escribía. 

La aventura que siguió os la cuento en esta serie de artículos…

La primera vez

Principios de los 90… el Mazda MX-5 acaba de lanzarse en toda Europa. Los americanos ya llevan meses comprándolo, el cochecito está arrasando, pero hasta ahora los europeos, ansiosos de disfrutarlo, se han tenido que conformar con las pocas importaciones individuales que se han hecho desde el otro lado del Atlántico. Un servidor comparte una afición con los colegas: ir a los concesionarios a probar coches. 

Conduciendo un día por las montañas, en un pueblecito descubro un pequeño concesionario de Mazda, paro y pregunto si por casualidad tienen un “Miata”, como lo llaman en EEUU. Lo tienen. El vendedor me lleva al pequeño taller, donde detrás del elevador hay un coche tapado con una lona, tira de ella y aparece uno blanco impoluto, lo saca del taller y directamente me ofrece el asiento del conductor.

Aquella vuelta por carreteras de montaña me dejó marcado, vista desde fuera mi sonrisa tonta mientras lo conducía debía ser todo un poema. Pude probar algún otro en años venideros, pero aquella tarde danzando por las colinas con el blanquito me dejó marcado. Pasa el tiempo y uno va construyendo su vida, yendo a lo práctico, hasta que un día algunos (no tantos, eh?) años después ha llegado el momento: consensuado con mi santa (porque desde luego no merece otro calificativo) me lanzo a por uno.

¡Un Eunos!

Así que tras años de soñar con él, meses de documentarme y semanas de escudriñar el mercado, le he echado el ojo a un Mazda MX-5 de primera generación. Éste es mi “oscuro” (nunca mejor dicho) objeto de deseo: color negro, interior en cuero beige, volante, pomo del cambio y empuñadura del freno de mano en madera, llantas originales tipo “minilite”… y un pequeño detalle sin importancia: volante a la derecha.

Porque se trata de un Eunos Roadster japonés, a principios de los ’90 Mazda creó esta marca para vender sus coches de alta gama en el país del sol naciente, la contrapartida de Lexus que no acabó de cuajar. El anuncio cuenta que el coche es del año ‘93, tiene 75.000 km, el codiciado diferencial autoblocante, aire acondicionado y radio con CD… buena pinta, pero el primer jarro de agua fría me cae nada más llamar…

(¡Sigue leyendo en el próximo capítulo!)

DH

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