Mi primer clásico #6


En esta serie de artículos lo cuento todo sobre la búsqueda, compra y disfrute de mi primer coche clásico: un Mazda MX-5 de primera generación, el bichejo

En media hora de viaje hemos avanzado diez metros desde la salida del parking. Paciencia y buenos alimentos: esto nos da tiempo para ver detalles del coche que se nos han escapado hasta ahora. El bichejo no protesta: motor, cambio, embrague, luces… todos cumplen sus funciones. Tan sólo el espejo retrovisor del lado del pasajero me lo pone difícil – como recordaréis, aparentemente está pegado en su sitio (con un ángulo nada favorable) y no me atrevo a moverlo. La radio está suelta y medio caída y hay un horrible portacedés debajo que no viene a cuento de nada. Y esa palanca de cambio… Bueno, no pasa nada, además, mira, parece que acaba de pasar el tractor que cierra la manifestación, uno enorme verde con una bandera estelada… el guardia comienza a darnos paso y por fin avanzamos… ahora sí, en marcha!

Alcanzamos las afueras de Barcelona y luego la N-II, un lujo de autovía, por cierto, te hace replantearte seriamente usar la AP7. Pero nosotros optamos por seguir la carretera convencional que discurre paralelamente, para no forzar el motor y que vaya “despertando” progresivamente. Así vamos viajando como se hacía antiguamente: de pueblo en pueblo y disfrutando del paisaje. Pasamos Lleida y seguimos un poco más hasta parar a comer algo rápido y seguir marcha. La siguiente etapa trascurre por los Monegros, seguimos tranquilamente por la carretera paralela a la N-II, abrimos el techo durante un tramo pero hace mucho frío y cerramos de nuevo.

Más allá de Zaragoza intentamos seguir por la carretera comarcal pero en muchos tramos desaparece y nos vemos obligados a ir por la autovía, en fin… 100-110 km/h y paciencia. A cambio, en algunos tramos podemos abandonarla y danzamos por alguna carreterilla secundaria llena de curvas, el terreno natural de este coche. En los tramos tediosos de autovía intentamos poner la radio, complicadísima de manejar, una unidad de los años 90 plagada de botones y sin instrucciones y sobre la marcha se hace muy complicado manejarla… al final logramos no sé cómo que suene un CD que se ha dejado el antiguo dueño. Los altavoces integrados en los asientos son una maravilla. 

Y la calefacción también funciona perfectamente y desde luego gracias al túnel central que en los primeros Miatas desprende tanto calor, pasamos de todo menos frío. Y el coche siiigue y siiigue impertérrito… bufff… por ahora mi feeling era bueno. A la altura de Medinaceli, ya en la provincia de Soria, se está volviendo de noche y mi santa-copiloto busca en internet un sitio donde pasar la noche, ya que a este paso nos faltan unas tres horas para llegar al destino pero nos parece demasiado después de las diez horas que llevamos ya.

Así que (bendita tecnología), sobre la marcha encontramos una casa rural que es una delicia. Aunque (maldita tecnología) antes de poder encontrarla el navegador nos envía 30 kilómetros provincia adentro a un pueblo que no tiene nada que ver – y encima es noche cerrada y estamos agotados. Por fin llegamos al destino y la amabilísima dueña no tiene servicio de restaurante pero comparte con nosotros unas sencillas pero riquísimas espinacas y un plato de quesos típicos de la zona que regamos con una copita de vino. El ambiente tremendamente acogedor hace el resto para relajarnos del todo y brindamos por la proeza de haber llegado hasta aquí. Estamos rendidos y nos vamos a dormir enseguida, que mañana hay que echar el resto…

Por la mañana, la niebla cubre parcialmente el yermo paraje invernal que rodea al pequeñísimo pueblo y el frío cala hasta los huesos, así que nos encajamos en el Miata y pronto disfrutamos del calorcito que desprende por esa falta de aislamiento adecuado – je je. Aunque ahora de risas nada, ayer no me dí cuenta y la aguja de la gasolina está muy cerca del cero y en este coche no hay luz de reserva de combustible: creo que necesitamos combustible cuanto antes y no sabemos dónde hay una gasolinera… 

Sigue leyendo en la siguiente entrega…

DH

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3 comments
  1. Bravo, bravo!! Me encanta este artículo. Y espero actualizaciones con ganas. Acabo de realizar una aventura semejante. Otro Miata NA del 90. Que se vino de tierras catalanas a tierras navarras. Espero más post,

    1. Roberto, muchas gracias por tus palabras, me alegro que te guste y cuenta con nuevos artículos muy pronto. Y si te apetece, apúntate al newsletter

      1. Hecho!! Espero ansioso más noticias. En general, y no llevo un mes con él, estoy encantado. Alguna cosa como que de 1º a 2º noto un “criiic” al cambiar, pero imagino que es por estar frío… espero… Y las aventuras tuyas han sido similares a las mías, jejeje.

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