Americanos de los cincuenta: sueños rotos


Los coches americanos de los cincuenta fueron el símbolo de una época de optimismo y exageración pero también de sueños rotos y un traumático despertar

Tras una jornada de duro trabajo en Manhattan, un viernes de la primavera de 1954 un hombre trajeado recorre las calles de su urbanización a bordo de su reluciente Chevrolet azul y blanco. Cuando llegue lo recibirá su esposa amantísima con un beso y la cena preparada y los niños estarán viendo el show de Roy Rogers en la tele. Se está poniendo el sol, hace una tarde bellísima en este nuevo suburbio, muy de la época. Por fin llega, sale del coche, cierra la puerta y se queda acariciando con fascinación la laca brillante y los cromados. It’s a wonderful life, baby…

Chevrolet Bel Air (1954) | General Motors
Chevrolet Bel Air (1954) | General Motors

Hace tan sólo diez años, nuestro protagonista aún es un soldado jugándose la vida mientras back home sus compatriotas se aprietan el cinturón y enfocan toda la industria en ganar la contienda. Entre 1942 y 1945 no se fabrica nada que no sea básico o no esté destinado a la maquinaria de guerra, la gasolina, la comida y la ropa están racionadas y, por supuesto, no se fabrican automóviles. Eso sí, terminada la guerra y tras algunos ajustes iniciales, desde 1950 un optimismo desbordante da alas a un boom económico que (con altibajos) durará hasta 1973.

Se levantan los racionamientos… el gobierno baja los impuestos… todos se ponen a comprar con lo ahorrado durante la guerra… y se inicia un círculo virtuoso sin parangón: las empresas producen masivamente a bajo coste con las lecciones de eficiencia aprendidas durante la guerra… los sueldos suben… los ciudadanos consumen… you get the idea.

Arranca la Locura

Yes… desde 1941 no se fabricaban nuevos automóviles y los que había eran ya casi todos unos cacharros mil veces reparados, así que cuando el gobierno da luz verde a producirlos de nuevo, los americanos se vuelven completamente locos y se lanzan como posesos a comprarse uno nuevo. En 1950 se venden cincuenta millones y en pocos años se llegará a doblar el número de coches en circulación, pero la cosa no queda ahí…

El automóvil se convierte enseguida en el símbolo de la sociedad de la época, de los avances tecnológicos que tienen a todos embobados, pero también del estatus social y económico, de la libertad, del individualismo… americans simply love cars. 

Cadillac Series 62 Coupe de Ville (1956) | General Motors
Cadillac Series 62 Coupe de Ville (1956) | General Motors

 

Bendita Juventud

Los adultos lógicamente serán los principales compradores de coches pero se cambia tan a menudo de coche (muchos venden el suyo después de uno dos años) que enseguida se forma un enorme mercado de segunda mano, con lo que de repente los jóvenes también se pueden permitir tener uno.

Nos encontramos entonces con la primera generación de jóvenes que no tienen que trabajar para ayudar a la familia, así que allá que se lanzan a vivir la vida a tope. Serán estos jóvenes los que alimenten la cultura del automóvil, una auténtica obsesión como nunca antes había existido – y probablemente nunca existirá.

Oldsmobile 98 Convertible (1959) | General Motors
Oldsmobile 98 Convertible (1959) | General Motors

Con dieciséis ya podías sacarte el carnet de conducir y con un poco de ayuda paterna y trabajo a tiempo parcial tu primer coche dejaba de ser un sueño para convertirse en realidad. And here we go, a hacer cruising, es decir, conducir a marcha plácida with no particular place to go como dice la canción, dando vueltas sin destino fijo, a ver y dejarse ver por las avenidas, a menudo por un itinerario que se repite cada fin de semana. Y todo al ritmo de buena música, sobre todo a partir de 1955 con la canción “Rock Around the Clock” y desde el año siguiente con Elvis.

Esos teenagers apasionados
Esos teenagers apasionados

El coche se convierte en un hobby: se cuida, modifica e individualiza, se ponen de moda los hot-rods, el custom y las carreras, y surgen los restaurantes y cines Drive-In para que no tengas que salir de él para nada, salvo quizás ir al baño. Y cuando llega la hora de retirarse, no te preocupes que con el novedoso Motel (Motor-Hotel) puede dormir a un par de metros de tu amado vehículo. 

 

Todos Ganan

Finalmente, el estado también pone su granito de arena lanzando en 1955 el Interstate Highway System, con sus 41,000 millas de carreteras de cuatro carriles, como diciendo en plan mesiánico “americanos, coged vuestro coches y viajad”.

Mercury Colony Park Station Wagon (1957) | Ford
Mercury Colony Park Station Wagon (1957) | Ford

Naturalmente, en este ambiente de euforia los fabricantes de automóviles fueron los absolutos reyes del mambo, sobre todo los llamados Big Three, GM, Ford y Chrylser, tres enormes conglomerados formados en los años precedentes mediante fusiones y adquisiciones que fabricaron el 90% de los coches vendidos en esta época en Norteamérica.

Chrysler 300 Hardtop Coupé (1955) | Chrysler
Chrysler 300 Hardtop Coupé (1955) | Chrysler

Estas empresas se hicieron de oro gracias a la filosofía de la obsolescencia dinámica, esto es, introduciendo continuamente mejoras y evoluciones que hicieran que el coche del año pasado se quedara anticuado… oh my God… el vecino ya tiene el nuevo modelo… así los fabricantes lograban que se cambiara de coche constantemente. 

El diablo está en los detalles

Esto trajo consigo por un lado innovaciones técnicas para hacer la conducción más confortable, como la transmisión automática (la más famosa, la Powerglide de GM), los elevalunas eléctricos, el aire acondicionado, la dirección asistida, los servofrenos (aunque generalmente de tambor), la radio de transistores, etc. Pero donde los fabricantes pusieron la mayoría de sus recursos fue en la apariencia exterior, empezando por esas formas influenciadas por los aviones a reacción y la era espacial y siguiendo con aquellos colores chillones, azules, rojos, blancos, turquesas y, por qué no, rosas.

Cadillac Cyclone Concept (1959) | General Motors
Cadillac Cyclone Concept (1959) | General Motors

Luego estaban esas aletas traseras, posiblemente rematadas con pilotos reminiscentes de toberas de cohetes. Y qué decir de esos agresivos frontales cromados con las formas más sinuosas y barrocas. Ah, los cromados, sacarles brillo podía llevarte toda una mañana de domingo porque su uso se popularizó hasta el extremo. Y para embelesar al posible comprador con desesperada anticipación hasta que saliera el siguiente modelo, se pusieron de moda los concept cars, como este Cadillac Cyclone de aquí debajo y demás coches del Motorama, pasen y vean…

El Motorama

Como acompañándonos en esta década loca y maravillosa, entre 1949 y 1961 General Motors organizó este car show, una exposición itinerante de los coches que conduciríamos en el futuro. La idea era poner la miel en los labios a los consumidores poniendo bajo los focos los concept cars de la marca, aunque según Harley Earl, jefe de diseño de GM, más bien deberíamos llamarlos dream cars – el coche de nuestros sueños, of course.

Motorama

El Motorama culminante fue el del ‘56, que consistió en cinco días de exposición en cada una de las cinco ciudades donde paró, contando con cientos de montadores, actores, cantantes, músicos, técnicos, coches, escenarios y accesorios transportados en 125 camiones articulados, con un coste estimado de unos 10 millones de dólares, unos 80 millones de euros en dinero de hoy. Finalmente, la publicidad en televisión (mucho más barata y efectiva) acabó con el Motorama, pero quien lo vio en su momento lo recuerda con uno de esos momentos mágicos e inolvidables, otro ejemplo del optimismo sin límites de la época y la confianza ciega en un futuro brillante.

 

Tres Personajes (En Busca de una Aleta)

Por encima de la seguridad o las prestaciones, en esta década la apariencia exterior de los coches lo fue todo y fueron tres los diseñadores que destacaron por encima del resto. Ante todo, Harley J. Earl, jefe de diseño de General Motors fue el creador de muchos elementos decorativos de los automóviles, incluyendo las sempiternas aletas. Harley Earl las incluyó por primera vez en el Cadillac de 1948, inspirado por el reactor Lockheed P-38 Lightning y el nuevo estilo cuajó enseguida.

Studebaker Commander Coupé (1951)
Studebaker Commander Coupé (1951)

Tanto gustaron las aletas que su némesis en Chrysler, Virgil Exner, también comenzó a usarlas en sus diseños, entrando ambos en una carrera por ver quién tenía (diseñaba) la aleta más grande. Exner diseñó sobre todo los Studebaker y Chrysler de la época, para las que creó su “forward look” o diseño “hacia delante”, con carrocerías más bajas, redondeadas y agresivas.

Finalmente, tenemos que mencionar en este párrafo a Raymond Loewy, el legendario diseñador industrial y “el hombre que dio forma a América”, responsable de los logotipos de Shell, Exxon, TWA o Lucky Strike, y también de los Studebaker Commander el Starliner coupé, para muchos uno de los coches más bonitos de la historia.

Decadencia y Fin

La popularidad de las aletas no duró tanto y para 1959 se habían convertido en caricaturas de sí mismas, símbolo del exceso y el derroche. Al margen de la imagen idealizada de la publicidad, lo cierto era que todo (TODO) se había sacrificado en pos de aquellos diseños barrocos, que fueron cada vez más el blanco de duras críticas por su excesivo peso (que exigía más potencia y por tanto mayor consumo) y su fragilidad, ya que cada golpecito suponía una visita al chapista para enderezar, lijar, tratar y pintar o cromar.

Y no olvidemos la seguridad – o ausencia de ella: los coches americanos de los ’50 son de los más llamativos, potentes e inseguros que se han construido. Por todo esto, a principios de los ’60 casi por consenso fabricantes y consumidores dieron la espalda a tanto exceso.

Cadillac Eldorado Biarritz (1959) | General Motors
Cadillac Eldorado Biarritz (1959) | General Motors

La resaca de esta época de excesos dejó en evidencia muchos desequilibrios y carencias. Aquí deberíamos hablar de la pobreza, la guerra de Corea, las delirantes persecuciones del senador McCarthy, la recesión económica del ’58, el racismo incipiente… y el machismo. Durante la guerra, las mujeres habían desempeñado los trabajos de sus maridos, padres y hermanos pero con el retorno de los soldados tuvieron que dejarles el sitio y volver a casita a cocinar y limpiar, hacer la compra y cuidar de los niños.

En los aburridísimos suburbios americanos, no pocas mujeres y también muchos hombres acabaron presas del alcohol y los antidepresivos – o en la consulta del psicólogo. Y ¿qué decir del consumismo desatado? Fue una reacción lógica a las carencias de la guerra, pero convirtió a millones de personas en auténticos maníacos de la compra compulsiva. Se sembraba así la semilla de la contracultura y el movimiento hippie de finales de los ’60 y la “depre” que vendría en los ‘70. Pero en fin, la distancia nos permite soñar despiertos con esta utopía que nunca fue, con esta era de ¡aletas y cromados!

DH

SaveSave

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *