Mi primer clásico #10


En esta serie de artículos lo cuento todo sobre la búsqueda, compra y disfrute de mi primer coche clásico: un Mazda MX-5 de primera generación, el bichejo

Sí señor, aunque la mecánica no sea lo tuyo siempre les puedes hacer cosas a los “coches viejos”. Y más aún hoy en día, con los foros de internet y YouTube llenos de explicaciones y tutoriales en todos los idiomas. Así que con ciertas cositas me voy atreviendo y hoy os dejo un par de ellas más. 

En fin, vamos con lo que vamos, la palanca de cambio y el cambio de marchas en sí es una de las principales fuentes de diversión en este coche, así que conviene darle cariño para tenerlo al día. En mi caso ante todo me vendieron el coche con un pomo horrible de todo a cien, demasiado largo y de dudoso gusto estético. Mi primer impulso fue comprar el original que venía con mi edición especial, el Nardi “Evolution”, pero pronto pude comprobar que lo que dicen en los foros acerca de su falta de peso y por tanto de feeling y consistencia era cierto.

Así que me puse a investigar y ví que otra edición especial llevaba un Nardi “Teardrop” también de madera, pero de mayor peso y más corto, de dimensiones similares a la empuñadura negra de serie. Hoy en día este pomo es ya harto difícil de encontrar, pero tras unos meses de paciencia apareció un anuncio en eBay de alguien en California que vendía dos, evalué los pros y los contra de tamaña inversión (¡unos 200 euros, transporte incluido!) y me lancé. El resultado visual es (para mí) ideal y confirmo que es una delicia manejarlo. Aquí debajo tenéis el antes y el después. Seguimos…

En segundo lugar, os voy a hablar de los desagües del techo. Los MX-5 de primera generación o NA (y creo que también los NB) tienen dos conductos laterales para evacuar el agua que cae sobre el techo. Los orificios de entrada son sólo accesibles con la capota cerrada y su acceso visual requiere un poco de contorsionismo: lo más fácil creo que es abatir el asiento del lado contrario y deslizarlo hacia delante, meter el cuerpo apoyando un pie en el suelo detrás del asiento y llegar así al otro lado. En mi caso, los agujeros tenían algo de porquería alojada alrededor. 

Los conductos no son rectos, sino que hay un escalón un poco más allá de la mitad y luego siguen hacia abajo hasta los orificios de salida que están en los bajos del coche, como véis en esta foto. La única manera de limpiarlos es con un alambre firme pero flexible que lleve en un extremo algo similar a un cepillo. Concretamente, lo mejor son las herramientas que se usan para limpiar instrumentos de viento tipo tromba: introducimos un extremo por arriba y cuando asome por debajo tiramos con cuidado para que el cepillo recorra todo el conducto. 

Con los años no es nada raro que estos y otros conductos de desagüe de los que hablaré otro día se obstruyan y el agua se vaya acumulando en ellos, generando óxido que se va comiendo la chapa de la carrocería o (peor aún) algún elemento estructural, así que es indispensable tenerlos limpios y evitar que se atasquen.

Finalmente, he pintado las tapas descoloridas de las tuercas de las llantas, en un color gris plata que coincide con el de las llantas y he sustituido las tapas de tornillos bajo el parabrisas. ¡Ah! Y me complace informar que he encontrado en un resquicio tras la capota la tapa del cinturón de seguridad derecho.

Por lo demás, dejo aquí encima también fotos de otras chucherías que he ido adquiriendo, como las herramientas originales para cambiar las ruedas y un hueco portobjetos para poner debajo de la radio… En Japón era normal que los coches llevaran una radio “doble DIN” que al ser sustituida por una “europea” dejaba un hueco de dimensiones inusuales para nuestro continente. Para rellenar este hueco, en Internet podemos encontrar estos portaobjetos hechos a medida, que (en mi opinión) quedan de lo más aparentes.

No te pierdas el próximo artículo, donde con tremenda osadía me meto en las tripas del bichejo…

DH

¿Estás pensando hacerte con tu primer coche “viejo”? Entonces no te pierdas el especial Comprar un clásicoEn esta serie de artículos lo cuento todo sobre la búsqueda, compra y disfrute de mi primer coche clásico: un Mazda MX-5 de primera generación, el “bichejo”