Mi primer clásico #2


En esta serie de artículos lo cuento todo sobre la búsqueda, compra y disfrute de mi primer coche clásico: un Mazda MX-5 de primera generación, el «bichejo»…

Según el anuncio de mi nuevo objeto de deseo, el coche es del ’93 y tiene 75.000 km, pero empiezo a hablar por teléfono con el dueño y me cuenta que son 75.000 millas (unos 120.000 km). En fin… el coche ha sido pintado recientemente, siendo su color original el British Racing Green de la edición limitada del mismo nombre, ahora luce un color negro metalizado con destellos azules, también me cuenta que el estado general es bueno, la distribución se hizo hace no muchos kilómetros, no tiene óxidos y está dispuesto a subirlo a un elevador en un taller. 

Las fotos son las que venían en el anuncio…

Se ve que es un manitas, porque me propone mandarme fotos de la correa de distribución, para lo cual hay que quitar la tapa de balancines, que no es complicado pero no lo hace cualquiera. La correa es original de Mazda y se ve en buen estado, aunque esto no demuestra nada de los kilómetros que lleva puesta. Finalmente, me envía muchas fotos de todos los ángulos, que son las que ilustran este artículo: exterior, interior, motor y maletero, aunque no tengo modo de saber cuándo se hicieron – parece verano y estamos en enero.

Le doy coba en sucesivas llamadas mientras me manda las fotos de la dichosa correa, para que me cuente todo lo que se le ocurra, buscando que me dé confianza, el coche me gusta, la combinación de colores es atractiva y tiene los bonus del diferencial auto blocante y el aire acondicionado, aparte de que se ve muy original, algo que resulta bastante raro después de todos estos años: la mayoría de los MX-5 de primera generación han sido tuneados, como mínimo con unas llantas nuevas, pero lo normal es que se le haya metido mano a la suspensión, unos alerones “guapos”, el interior, un turbo… yo no busco nada de eso, lo quiero lo más original posible. 

Y éste tiene hasta las alfombrillas originales de la edición limitada. En fin, me cuenta que lo compró unos años antes a un tipo de un taller que lo tenía como coche propio – de su vida anterior no sabe nada (la del coche, no la del tipo del taller), sólo que el coche vino de Gran Bretaña, a donde llegó de Japón, donde fue matriculado por primera vez.

Hablando y hablando con él, el dueño me da la impresión de ser un genuino “petrolhead”, un amante de los coches, me dice que tiene un clásico más antiguo que quiere rehabilitar y por ello está vendiendo éste. Tengo un puñado de fotos y muchas buenas palabras, pero en general esta oferta me da buenas vibraciones. ¿He mencionado ya lo irracional que llega a ser todo esto? Así que hablo con mi mujer y quedamos en viajar a Barcelona a verlo, sólo con billete de ida…

Llegamos a Barcelona a primera hora, no está lloviendo pero lo hará en breve… el cielo está cubierto de nubarrones grises y hace fresco, cogemos el metro y nos encontramos con el vendedor, un tipo afable, irlandés por más señas. El coche lo tiene en una plaza alquilada en un garaje a un par de manzanas, así que para allá que vamos. Abre la puerta, bajamos la rampa, es un parking angosto de paredes oscuras por el hollín acumulado durante… décadas, probablemente. En la penumbra vemos un cochecito minúsculo cubierto con una funda, que nuestro interlocutor empieza a retirar con un rimbombante “aquí está por fin”. Mantén. La cabeza. Fría…

¡Sigue leyendo en el próximo capítulo!

DH

¿Estás pensando hacerte con tu primer coche «viejo»? Entonces no te pierdas el especial Comprar un clásico

SaveSave