Mueve tu clásico


Mueve tu coche clásico. Regularmente. Mejor una vez a la semana que una vez al mes. Si no lo haces, puedes acabar pagándolo y caro. Aquí explico por qué…

Vamos a ver… empecemos por el principio. Preservar, a veces reparar y (si te van esos rollos) modificar tu clásico son tareas que debes o puedes hacer con tu clásico. Pero, querido apasionado, ahora que está perfecto… no lo dejes guardado en el garaje o de exposición: un coche clásico tiene que usarse regularmente. Si no, se degradarán sus componentes, ya sean metales, plásticos o tejidos diferentes, así como madera y sin olvidar todos los líquidos que circulan por él. 

Y esa degradación acabará trayendo problemas por cortesía de los agentes atmosféricos como la humedad (desde la ambiental hasta el agua de lluvia o del lavado), las temperaturas extremas, que provocan dilataciones y contracciones o la luz directa del sol. Aunque también debemos meter aquí la contaminación atmosférica.

Mueve tu coche clásico | ICON ROAD

Así que repasando los distintos componentes de un coche, vamos a ver qué se puede deteriorar estando el coche parado. Sin embargo, vaya por delante que tampoco estaremos tooodo el día pensando en que algo se va a fastidiar, así que entended por favor todo este artículo como una invitación a conocer mejor nuestro clásico y qué puede ir mal si lo dejamos ahí aparcado más de la cuenta. Pero, a menos que seáis devotos de Santa Hipocondria, por favor no os obsesionéis y sobre todo disfrutadlo. Vamos a ello.

Empecemos por todo lo que es de goma… Manguitos y demás conducciones, juntas, protectores de juntas homocinéticas, silentblocks, juntas alrededor de las ventanillas e incluso elementos del interior pueden volverse porosos o agrietarse si no se usan durante mucho tiempo o si están sometidos a temperaturas extremas.

Y no olvidemos las gomas más grandes… sí, los neumáticos. Están hechos para rodar y no para quedarse mucho tiempo quietos, en cuyo caso acabarán cogiendo forma quedando aplastados por la zona donde apoyan. Para evitar la degradación de estos componentes, los niveles de temperatura y humedad deben ser equilibrados pero, sobre todo en elementos mecánicos, lo principal será… lo habéis adivinado, sacar el coche para que la goma se menee y permanezca flexible.

Los interiores deben estar ventilados, pero lo mejor es que les demos vida, usándolos (y limpiándolos) regularmente. La piel hay que cuidarla para que permanezca flexible, para ello hay que hidratarla y usarla: el calor y el roce humanos contribuyen a que la piel se conserve sana. Y ya que estamos dentro, si disponemos de ese (antaño lujoso) extra… el aire acondicionado necesita funcionar de vez en cuando, para evitar corrosión o daños en el compresor.

Seguimos con los líquidos… En el caso del aceite y la gasolina, estando el coche largo tiempo parado ambos puede fomentar la formación de agua por condensación, lo que a la larga puede oxidar las paredes internas del motor o del depósito. Por su parte, la gasolina, en general permanece estable durante meses pero a la larga y sobre todo si hace calor las fracciones más ligeras y volátiles pueden evaporarse, haciendo que el arranque sea más difícil.

Además, hoy en día los biocombustibles que lleva la gasolina pueden acabar dando lugar a bacterias y hongos que dañen los metales. Finalmente, el aceite usado contiene todo tipo de subproductos y ácidos que pueden acabar separándose del resto por decantación y afectar a las piezas metálicas.

Pero en el motor acecha otro enemigo: la carbonilla. Ciertas construcciones y diseños de antaño hacen que se acumule este residuo de la combustión, sobre todo en la parte del cilindro donde no llega el pistón. Por otro lado, conducir a menudo en ciudad o en general a baja velocidad y bajas revoluciones también favorecen la formación de la dichosa carbonilla, que afecta a las prestaciones y al consumo del vehículo pero también hará que no suene “redondo” y que tenga vibraciones. ¿Solución? Sácaloooo.

¿Aún no te he convencido? Pues olvidaba los frenos, aquí tendremos en cuenta que sus elementos pueden oxidarse, sobre todo si el coche queda (glups…) aparcado fuera. Al usarlos, una oxidación superficial quedará limpia pero si está avanzada tendremos que cambiarlos. Y para terminar, un “clásico” entre los clásicos del coche parado: la batería vacía. Y es que si no se usa, ésta se va descargando y si pasa mucho tiempo, su contenido se puede degradar hasta quedar inservible.

Epílogo 

Como se ve, conducir regularmente tu clásico contribuye decisivamente a mantener el vehículo joven y sano, pero ¿cuánto es “regularmente”? Hay quien dice que es suficiente con una vez a la semana o al mes pero lo cierto es que depende del modelo, de las condiciones atmosféricas y mil factores más, por lo que no hay una respuesta a esta pregunta. Y sí, también hay quien opina que basta con una vez cada seis meses o un año y todos hemos oído el caso del motor aquél que “arrancó a la primera sin problema” después de años parado pero ¿de verdad queremos jugárnosla con nuestro clásico?

Eso sí, habría que darse un amplio paseo en un recorrido variado – y fuera de la ciudad. Que se muevan todos los componentes mecánicos, subidlo de vueltas con alegría, que coja temperatura, que el motor respire profundamente y se mantenga libre de carbonilla, que se evapore la posible condensación y los líquidos se mantengan homogéneos.

Claro que el consumo también nos subirá y llevar el motor forzado tampoco es bueno, así que lo haremos con tiento y sentido común – como todo lo que hacemos, claaaro. Por cierto, no vale dejarlo al ralentí 20 minutos… nos cargaremos la batería, el aceite se degradará y además, ¿para qué tenemos un clásico si no es para conducirlo y presumir de él? Saquemos nuestros clásicos para disfrutarlos nosotros y que los disfruten los demás.

Todas las fotos son de Daniel Hasselberger para ICON ROAD.

DH

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